EDITORIAL
Indec, la peligrosa constancia de negar la realidad
En tiempos de turbulencias económicas y profundas crisis políticas, sociales y culturales que atraviesan al mundo y a las que nuestro pais no es ajeno, se dan circunstancias, extrañamente propicias, para detenerse unos momentos y permitirnos, intentar bucear en las razones de fondo que llevan a estas crisis cíclicas. Al hacerlo una idea aparece innegable y repetida: es la profunda desigualdad en que se desenvuelven las sociedades en el mundo y por supuesto la nuestra como parte integrante. Inmensas riquezas son apropiadas indebidamente por la negociación o por la fuerza, modelos político – jurídicos que se convierten en sostenedores de las mismas desigualdades existentes y múltiples actores de todos los ámbitos sociales, políticos, culturales, religiosos, que expresan indignación y desacuerdo con la situación, pero que en la mayoría de los casos se traducen en conductas poco consecuentes para resolver el mal en profundidad.
Nuestro país es un poco producto de crisis cíclicas de este tipo y fue moldeado por las mismas a lo largo de su historia. Vivió momentos de bonanzas y de modelos justos de desarrollo (por cierto pocos) y muchos, donde la brújula que conducía a la nación era manejada por la especulación y la concentración de riquezas en pocas manos. No hemos logrado en 200 años de vida independiente, poder sentar mínimas políticas constantes de crecimiento y reglas claras que permitan desarrollarse dignamente a sus habitantes, la historia de crisis constantes llevo a que nuevos gobiernos siempre procuren deshacer lo hecho por el anterior, en sus malos y en sus buenos aspectos.
Pero en esta historia, hay quienes logran mejores herramientas para afrontar las situaciones en mejores condiciones y hay millones y millones de compatriotas que sufren con sus vidas de la falta de proyecto de nación, afrontando la pobreza y la miseria cotidiana, que se convierte en una realidad que no hemos podido mejorar salvo excepcionales momentos a lo largo de nuestra historia. La pobreza estructural y la falta de oportunidades es el tema de todos los temas en nuestro país. Por estos dias, precisamente evaluando la situación social de la Argentina, el gobierno nacional difunde, a través del cuestionado organismo oficial estadístico, INDEC, que habría disminuido la pobreza y la miseria y habría indicios de mejoramiento de la mayoría de los índices macroeconómicos. Esto, que es palpable, solo para los tecnicos de oficina de dicho organismo, en realidad esconde una valoración concreta de las prioridades por parte del gobierno nacional, y se desprende claramente que aun no logramos, a pesar de las incesantes luchas y expresiones de distintos sectores de nuestro pueblo colocar la lucha por la disminución de la pobreza en la cima de prioridades.
Se persiste en una política equivocada de negar la realidad, de tapar el sol con la mano, sabiendo que este espejismo estadístico es poco efectivo para modificar el humor popular. Resulta urgente e imprescindible avanzar con políticas universales que acerquen posibilidades a todos los argentinos, sin espacio para el clientelismo, con planificación y decisión, y, acompañando esto, dar señales fuertes de que existe voluntad de construir otra ética en la gestión del Estado, la ética del trabajador y del empresario honesto que todos los días construyen este gran país, con esfuerzo y con esperanzas de lograr un futuro mejor para todos.
Roberto Cristofano
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